El director de Turismo de Cholila, Darío Calfunao, adelantó que
están manteniendo reuniones con la cartera provincial para avanzar “en un
proyecto innovador para dar valor al patrimonio histórico de la localidad,
incluyendo la cabaña de Butch Cassidy y la banda de pistoleros americanos”,
quienes residieron a orillas del río Blanco a principios del siglo XX y
“dejaron un halo de misterio y leyenda que trasciende hasta nuestros días”.
Al respecto, el funcionario agregó que “también hubo otros
bandoleros legendarios por todo el oeste del Chubut, como Wilson y Evans, cuya
tumba está en Río Pico; o Pío Quinto Vargas, en la zona de Corcovado. La
propuesta apunta a transformar esa violencia de villanos y delincuentes en algo
atractivo para nuestros visitantes, a través de paradores divertidos y
saludables, donde haya lugares seguros para estacionar y con la creación de una
aplicación móvil (app) de autoguiado para cada recorrido”.
Butch, el carnicero
Aquella noche de verano, Butch Cassidy, Sundance Kid y Etta
Place estaban cenando en su cabaña a orillas del río Blanco, agasajando a una
familia de la colonia galesa de Trevelin que estaba de visita, cuando entró al
comedor un perro con la mano de un hombre en la boca. El silencio su sepulcral
y la situación fue salvada por otro miembro de la gavilla, que entró a la
carrera y se lo llevó. Nadie dijo nada, pero entre los pobladores comenzó
a correr la sospecha de que sus vecinos ocultaban un pasado oscuro, alimentado
por los escasos diarios que llegaban a la zona, donde se hablaba de una banda
de pistoleros norteamericanos como posibles autores del asalto al Banco Nación
de Villa Mercedes, San Luis, y del Banco de Londres y Argentino Limitado, en
Río Gallegos.
Arribados en 1901, al ver el valle que decidieron colonizar
lo bautizaron con el romántico nombre de “Flores amarillas” y se abocaron
de inmediato a construir su cabaña con troncos puestos horizontalmente,
tejuelas de ciprés, puertas y ventanas guillotina y empapelado en las paredes,
con la premisa de convertirse “en honrados ganaderos y buenos vecinos”.
“Siempre se mostraron correctos y afables con las 14
familias que ocupaban tierras en Cholila. Incluso los primeros medicamentos que
se conocieron por estos pagos, los trajeron ellos”, evocó Raúl Cea, un
historiador local ya fallecido, cuyo padre compartió con la banda muchas
jornadas dedicadas a amansar caballos y rodear hacienda.
Sobre Butch Cassidy recordó que “era un hombre simpático y
sociable, siempre dispuesto a aceptar con absoluto humor las pruebas a las que
lo sometían los paisanos. De figura felina, andar muy suelto y mirada poderosa,
siempre se encontraba a la defensiva”.
Era el más diestro para las faenas de campo y el manejo de
caballos. Hacia 1905 llegaron a tener 900 vacas, 1500 ovejas y 40
caballos. La propiedad de 6.000 hectáreas incluía una gran caballeriza y cuatro
establos.
Actualmente, la construcción principal (fue restaurada)
sigue en pie y forma parte de los atractivos turísticos del lugar, con su halo
de misterio y fábulas. “No pude resistirme a ver la cabaña que había alojado a
Butch Cassidy y su banda de asaltantes norteamericanos e imaginar por un rato
que era parte de un western con rifle, caballo y sombrero del oeste”, reconoció
Martín Oliveira, un visitante brasileño fascinado por “esta tierra de
pistoleros y leyendas, campesina e inolvidable”.
Lo que pocos saben es que dicha cabaña estaba preparada
además para resistir un tiroteo contra posibles fuerzas federales que llegasen
a capturarlos y que tenía un túnel hasta el río, donde siempre había caballos
ensillados y listos para huir.
Hoy, a pocos metros, también hay un bar temático y museo (La
Legal), donde se pueden revivir muchas de aquellas historias.
La banda salvaje
Las crónicas detallan que Robert Leroy Parker y Harry
Longabaugh se conocieron en 1897, en el oeste americano. Se hicieron
famosos como Butch Cassidy y Sundance Kid y formaban parte de la temible gavilla
de asaltantes de bancos y trenes “Wild Bunch” (banda salvaje).
El grupo, cuyo centro de operaciones estaba en el Hole in
the Wall, realizaba estudiados golpes con una fuga perfectamente
planificada con caballos de refresco en puntos determinados, lo que hacía
muy dificultosa su captura. El precio puesto a sus cabezas por banqueros y
empresas ferrocarrileras, el telégrafo, la movilidad policial en trenes y una
fotografía que cinco de sus miembros se tomara en 1901 en Forth Worth (Texas),
facilitaron la investigación de los agentes de la Agencia de detectives Pinkerton.
Acosados por los sabuesos, y también por la enorme
cantidad de afiches que ofrecían jugosas recompensas al que los entregase
“vivos o muertos” a la justicia estadounidense, debieron hacerse pronto de
una vía de escape. Huyeron hacia el este y luego de visitar los mejores
restaurantes, hoteles y joyerías de Nueva York, junto a Ethel Place
(Etta), la novia de Sundance, se embarcaron en el buque Herminius con
destino a Sudamérica.
Rumbo al sur
Meses después llegaron a Buenos Aires, donde pararon en un
hotel por un tiempo hasta que marcharon a la Patagonia, con
recomendaciones de los hermanos Ralph y George Newbery (tío del famoso
aviador), vicecónsules honorarios de Estados Unidos, quienes alentaban la
creación de una colonia norteamericana sobre 730.000 hectáreas ubicadas entre
el lago Mascardi y Cholila. Ya en 1895 el gobierno ofrecía tierras en esta zona
mediante publicaciones en los diarios de EE.UU.
Luego de asegurarse de que por estos lares “no había
bandoleros”, tomaron el ferrocarril del Sud hasta su finalización en la actual
Cipolletti y desde allí siguieron camino a caballo. Al llegar a Cholila
los sorprendió la hermosura del valle cordillerano “con pasturas que llegaban
hasta las rodillas y excelente agua fresca proveniente de los lagos y ríos que
nacen en las montañas cercanas”.
Al trío “seguramente les resultó atractiva la similitud del
Lejano Oeste norteamericano con el Lejano Sur argentino, un territorio de
pioneros, donde el brazo de la justicia aún no había llegado y las lealtades
estaban por encima de la ley”.
El grupo se instaló con nombres falsos y se dedicaron a la
compra de animales con parte del dinero obtenido en un atraco a un banco
de Nevada (Estados Unidos) –y luego con el producto de distintos asaltos a
entidades financieras de la región patagónica-. Según Osvaldo Aguirre, autor de
“Enemigos públicos”, Cassidy y su banda son “los fundadores de prácticas
delictivas desconocidas aún en la Argentina, como el asalto a bancos y el
secuestro, una modalidad que exploraron casi accidentalmente cuando mantuvieron
cautivo en un calabozo a un hombre durante un mes sin proponérselo previamente”
(el hacendado Lucio Ramos Otero, en Río Pico).
En los años siguientes, como respetables vecinos, “reciben
las visitas del tejano Jarred Jones, primer colono del lago Nahuel Huapi; familias
de origen galés de la vecina Colonia 16 de Octubre, incluyendo al propio
comisario Eduardo Humphreys. Por aquella época realizan viajes a la Colonia del
Chubut, hospedándose en el hotel del Globo, en Trelew, y en el de Pugh, en
Gaiman, el mismo en el que se había alojado el presidente Roca, cuando visitara
la zona cuatro años antes”, destaca Marcelo Gavirati en su libro “Buscados en
la Patagonia”.
Pero sin dudas, el visitante “más encumbrado de la cabaña es
el mismísimo gobernador del Chubut, Julio Lezana, quien durante la gira que
realiza en los primeros meses de 1904 por la zona cordillerana, se aloja en la
casa de Ryan y el matrimonio Place. Durante la recepción brindada en casa de
Sixto Gerez, se produce una de las anécdotas más recordadas, cuando la bellísima
Ethel baila una zamba con el mandatario.
Todo se precipita
Sin embargo, parece que el dinero traído desde EE.UU. se
termina y no tardan en aparecer en escena los viejos cómplices del Lejano
Oeste: Roberto Perkins, Hood (alias Roberto Evans), William Wilson, Ben
Kilpatrick (alias Tall Texan), Will Carver (alias News Carver), Litjens y
Harvey Logan (alias Kid Curry), más el patagónico Mansel Gibbon, quien pasó a
formar parte del grupo apenas el trío más famoso se vio obligado a huir
precipitadamente hacia Chile.
Los norteamericanos Evans, Wilson, Duffy, junto con el
trelewense Mansel “Yake” Gibbon y el chileno Juan Vidal, se asociarán en 1908
para rearmar la “banda de los norteamericanos” que azotaría a la Patagonia
durante casi cuatro años más. Por esa época también llega el temible Harvey
Logan (o Andrew Duffy, alias “Diente de oro”), uno de los delincuentes más
buscados en los Estados Unidos.
Además de los bancos robados en Santa Cruz y San Luis, los
atracos más sonados por aquellos años fueron a la casa Lahusen, de Comodoro
Rivadavia (falló porque antes de entrar los cowboys terminaron asesinando en la
calle de tres tiros a un peón chileno que les pidió más plata); la Compañía
Mercantil de Arroyo Pescado, donde se produce la muerte del gerente, LLwyd Ap
Iwan, y el secuestro del hacendado Lucio Ramos Otero y su peón, José
Quintanilla, en el Cañadón del Tiro, próximo a Corcovado (al sur de Esquel),
donde aquel poseía su estancia y a quienes mantuvieron encerrados durante más
de un mes en un bosque cercano a Río Pico. Allí, en un tiroteo con la policía
fronteriza, murieron Roberto Evans y William Wilson, mientras que Juan Vidal y
Mansel Gibbon habrían huido a Chile y cambiado de nombre.
Previamente, el 14 de febrero de 1905 se sucede un
atraco por el valor de 100.000 dólares al banco de Londres y Tarapacá, en Río
Gallegos (Santa Cruz). Pese a que no fueron identificados durante
el robo (y los relatos de los historiadores que se dedicaron a reconstruir la
historia discrepan en este punto), las versiones apuntaban cada vez con
mayor fuerza contra Cassidy y Kid.
El gobernador de Chubut, Julio Lezana, dio la orden de
arresto, pero antes de que pudiera ser ejecutada, el comisario Edward
Humphreys, les advirtió del pedido de captura. De tal suerte, apuraron la
partida. Vendieron la propiedad en Cholila a la compañía trasandina Cochamó y
cruzaron a Chile en busca de un refugio más seguro.
Al parecer, en algún momento de la larga fuga, Etta abandonó
a los dos hombres y retornó a San Francisco. Otras versiones dan cuenta que terminó
sus días como maestra (o prostituta) en Paraguay.
De igual manera, hay muchos rumores que involucran a los dos
bandidos en robos en Chile y Argentina, pero la historia recién sale de las
penumbras hacia 1908, cuando Butch Cassidy y Sundance Kid trabajan para
empresas mineras en los andes centrales bolivianos. Allí los bandoleros habrían
dado su último golpe: el asalto a una remesa de una mina. Huyeron hacia el
norte, pero el 6 de noviembre de 1908 habrían sido alcanzados y acribillados
por el ejército en el pueblo de San Vicente.
La carta
Desde esa misma cabaña en Cholila, el propio Butch le
escribe el 10 de agosto de 1902 una carta a su amiga, la Sra. Davis, de Ashley,
Utah: “(...) Probablemente le sorprenderá tener noticias mías desde este
país tan lejano, pero los Estados Unidos me resultaron demasiado pequeños
durante los últimos años que pase allá (...), otro de mis tíos murió y dejo
30.000 dólares a nuestra pequeña familia de tres miembros. Tome, pues, mis
10.000 dólares y partí para ver un poco más del mundo” (lo del tío muerto
se refería al robo al First National Bank of Winemuca, cometido el 19 de
setiembre de 1900 por la Wild Bunch).
“Visité las mejores ciudades y puntos de América del Sur
-continúa Butch- hasta que llegue aquí. Y este sector del mundo me pareció tan
bueno que me establecí, según creo para siempre, ya que cada día me gusta más.
Tengo 300 cabezas de vacunos, 1.500 ovinos, 28 caballos de silla, 2 peones que
trabajan para mí y además una buena casa de cuatro habitaciones y galpones,
establo, gallinero y algunas gallinas”.
Todavía se repiten entre los pobladores más antiguos del
oeste cordillerano las anécdotas de Butch y Sundance galopando y disparando sus
armas simultáneamente con ambas manos, mientras sostenían las riendas entre sus
dientes, además de las referidas a la extraordinaria belleza y puntería de
Ethel.
A punta de revolver
El 14 de febrero de 1905, dos sujetos de origen
norteamericano, de entre 25 y 30 años de edad, que se hacían pasar por
ganaderos en busca de tierras, irrumpen en la sucursal Río Gallegos del Banco
de Londres y Argentino Limitado, obligando a punta de revolver a su gerente y
al cajero Mc Kerrow a entregar una suma que rondaba los $20.000 m/n. Al huir,
los bandoleros cortan los cables del telégrafo y cambian de caballos en postas
preestablecidas.
Tras sus pasos
Mientras los forajidos se adaptaban a su nueva vida en la
Patagonia, la agencia Pikerton les pisaba los talones. Una foto de la Wild
Bunch había llegado a sus manos en Buenos Aires, lo cual facilitó la
investigación. Al enterarse del presunto paradero de los bandidos en Cholila,
se envió al agente Frank Dimaio para que los arrestase, pero las lluvias
impidieron que llegase.
El 1 de mayo de 1905 Butch, Sundance y Ethel, abandonan
Cholila con rumbo al lago Nahuel Huapí, donde se embarcan rumbo Chile.
“Ellos no querían mucho más que una parcela de tierra donde
trabajar, a la vez que pensaban que no era reprochable apoderarse de hacienda o
bienes de otro si se trataba de grandes empresas”, valoró el periodista y
escritor Osvaldo Aguirre.
“Nunca mató a nadie”
El 13 de agosto de 1896, Butch Cassidy, Sundance Kid,
Bill Carver, Ben Kilpatrick y Kid Curry asaltan un banco de Idaho
alzándose con U$S 7,000, sin disparar un solo tiro. La recompensa por su
captura había crecido a unos U$S 10,000 por cabeza. Al poco tiempo, asaltan un
tren con el dinero de la hacienda Candice. Luego de robar el First National
Bank of Winnemuca (Nevada), se toman una foto de la banda completa y la
envían al propietario del banco con una nota de agradecimiento. Esa imagen
fue precisamente la que años después orientó a los investigadores para
ubicarlos en Cholila.
En el año 1901 asaltan el Great Express en Montana, cerca
del límite con Canadá, huyendo con U$S 50.000. A pesar de que la mayoría de los
seguidores de las andadas de Butch Cassidy aseguran que “jamás mató a nadie”,
otros apuntan que luego del asalto al tren mató a 3 de los 4 detectives de la
agencia Pinkerton en una encerrona en un hotel de Luisiana.
La muerte en Río Pico
Sobre los bandoleros muertos en Río Pico, el soldado Pedro
Pena, sobreviviente del tiroteo, confirmó en una entrevista realizada en 1970
en Rawson (a la edad de 104 años), que sobre los cuerpos se hallaron dos
relojes de oro y la foto de “una mujer hermosísima”.
Durante mucho tiempo se dijo que se trataba nada menos que
de Butch Cassidy y Sundance Kid. Sin embargo, en el acta que se levanta,
“varios testigos reconocen los cuerpos de los muertos como los de Wilson y
Evans. Se detallan las armas secuestradas y otros objetos, incluyendo una
libreta de anotaciones con la letra del tango La Morocha y los dos relojes,
pero nada se dice de la mítica foto” (¿sería la de Etta Place?).
Una belleza de gran
puntería
“¿Quién era Ethel Place? Cuando aparezcan más certezas de su
origen podremos entender mejor la historia de este trío, dado que su incidencia
y participación nunca fue secundaria en el período que integró el mismo. Las
historias describen probados eventos de eximia puntería con las armas de fuego
y destreza con los caballos (y ambas a la vez en ciertos pasajes del relato), a
la vez que una proverbial capacidad como anfitriona y animadora social, fluidez
y versatilidad para manejar el castellano y cortesía con los vecinos”
(Guillermo Monsalve, investigador). (Por Fernando Bonansea).