Su enorme figura quedó enmarcada en la puerta de entrada del
bar “El Zorzal”, en los suburbios de El Bolsón. Guitarra en mano, fue saludando
a los paisanos acodados en el mostrador y no pasó mucho rato hasta que Abelardo
Epuyén González comenzó a cantar sus propios temas, dueño de un vozarrón profundo
y melodioso y haciendo sonar el diapasón con sus enormes dedos, que terminaron
por darle un estilo muy particular al folklore cordillerano.